Irene Ros
Se habla mucho de un cambio en el curriculum, pero no tanto de la forma de impartirlo. Nuestro método actual se basa, en la mayoría de los casos, en el almacenamiento de conocimientos y datos, sin profundizar en otros aspectos que ayudan al desarrollo como personas. El docente ya no puede limitarse a ser un mero trasmisor, donde se atiborre a los estudiantes de fórmulas, números, fechas o datos. Se hace necesario un cambio en las prioridades, que enseñe a los alumnos a emocionarse con lo que aprenden, a reflexionar sobre lo que ven, a buscar por sí mismos, a hacerse preguntas, y a contextualizar los conocimientos y aplicarlos a su realidad, no a entenderlos como un conjunto aislado unos de otros y desconectados del contexto global en el que están inmersos. Las metodologías activas, en sus diversas formas, ya sea vía aprendizaje cooperativo, mediante prácticas, aprendizaje servicio, aprendizaje por campos de investigación, Project-Based Learning (Aprendizaje Basado en Proyectos) Problem-Based Learning (Aprendizaje Basado en Problemas), Game-Based Learning (Aprendizaje Basado en Juegos), o Flipped Classroom, conciben el aprendizaje como un proceso constructivo y no solo receptivo, y priorizan una enseñanza que tiene lugar en un contexto de problemas del mundo real, promoviendo una actitud mucho más positiva hacia el aprendizaje y con más motivación, lo que es fundamental para que dicho aprendizaje se produzca con comprensión, permitiendo al estudiarse enfrentarse a problemas reales que le permitirán familiarizarse poco a poco con los que se encontrará en un futuro en su práctica profesional.